ASPECTOS LEGALES EN PERSONAS CON DEMENCIA. Parte I. “Pensemos nosotros qué podemos hacer”

La Enfermedad de Alzheimer es el tipo de demencia (pincha aquí para saber más) más común, aunque no la única. Independientemente del tipo de demencia, como profesionales, cuidadores o
familiares conocemos las catastróficas consecuencias que esta enfermedad causa a la
persona que la padece y el impacto directo en su entorno.
Sabemos que ante estas situaciones será necesario contar con la ayuda, asesoramiento
e intervención de diferentes profesionales como el neurólogo, neuropsicólogo, médico
geriatra, terapeuta ocupacional… para lograr al menos ralentizar el deterioro cognitivo
en primer lugar, mantener en lo máximo la independencia y autonomía de la persona, y
por tanto, mantener una adecuada calidad de vida de esta y su entorno el mayor
tiempo posible. ¿Pero somos conscientes de los aspectos legales que se deberán tener
en cuenta cuando trabajamos con estas personas y asesoramos a su familia? La
respuesta debería de ser “ROTUNDAMENTE SÍ”.
En mi día a día, como terapeuta ocupacional, trabajo funciones cognitivas mediante
actividades propositivas; realizo intervenciones basadas en la ocupación para mantener
la autonomía e independencia en actividades tan básicas como el vestido; asesoro en
productos de apoyo; procuro reducir al máximo trastornos conductuales mediante
terapias no farmacológicas… ¿Pero ¿qué pasa cuando te llegan casos como…? Fulanito
ha ido a tomar un café, ha pagado con un billete de 20 euros y le ha dicho al camarero
que se quede con el cambio, o Menganito ha cogido el coche y se ha plantado en un
pueblo remoto sin saber dónde está o que hace allí. O peor aún, resulta que Pepito se
enamora de su cuidadora, la cual sabemos que sus intenciones no son del todo limpias.
Estos son casos reales que me han sucedido en mi día a día y que hay que solucionar
inmediatamente.
Pues lo primero que pasa es que la familia no entiende qué es lo que se debe hacer y es
tu responsabilidad como pilar fundamental durante el acompañamiento por ese largo
camino, asesorar, al menos, con cierta luz, rotundidad y conocimiento a estas personas.
En el caso de recursos donde cuenten con un trabajador social es más sencillo, pero
¿qué pasa si dónde trabajas no cuentas con esa figura? Todo se complica. ¿Estamos el

resto de profesionales formados para actuar y asesorar en estas situaciones? La
respuesta es clara: “ROTUNDAMENTE NO”.
Nos suena algo de incapacitación, nombramiento de tutor legal, curatela… pero no
acabamos de encajar las piezas en el puzle para lograr dar una respuesta clara y
contundente y solventar este tipo de situaciones.
Próximamente escribiré algunas consideraciones y aspectos que deberíamos tener en
cuenta y utilizar cuando inevitablemente nos salpican este tipo de situaciones.
Conocimientos que desgraciadamente no nos enseñan en la universidad. Y no solo
hablo como terapeuta ocupacional, me consta que muchos profesionales no saben
cómo “agarrar al toro por los cuernos” cuando un día cualquiera un familiar
desesperado pide ayuda urgente.

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